#stayathome | VEINTE AÑOS DE LA PROCESIÓN MAGNA JUBILAR EN JEREZ DE LA FRONTERA: Notas acerca de un acontecimiento extraordinario.

En la tarde de ayer, Sábado Santo, se cumplieron veinte largos años de la Procesión Magna que se celebró en Jerez de la Frontera con motivo del año jubilar de 2000. Son dos décadas exactas de un acontecimiento que puede calificarse de ‘histórico’ con la seguridad del tiempo transcurrido y los avatares cofradieros sucedidos posteriormente, en tanto que al igual que resultó en Málaga el Vía Crucis Jubilar, se trató de un evento que supuso el punto de inflexión, una rampa de lanzamiento que marcaría la evolución de la Semana Santa local y el devenir de sus cofradías y hermandades en el siglo XXI en aspectos diversos.

En primer lugar estamos hablando de lo inédito de un acontecimiento como el que se celebraba, el segundo milenio del nacimiento de Cristo, un hecho al que la Iglesia deseaba conferir la relevancia que merecía, que comenzó a preparar algunos años antes pues suponía además un empeño especial del Papa Juan Pablo II que venía incluso apuntando desde el comienzo de su pontificado en 1978. El Gran Jubileo de 2000 se convocaría formalmente a través de la bula papal Incarnationis Mysterium del 29 de noviembre de 1998 y en ella se llamaba a los católicos de todo el mundo, y los cofrades no podíamos ser menos, a dar testimonio público de nuestra fe, celebrando con gozo espiritual los dos mil años de Cristo en nuestras vidas.

En segundo lugar, hay que enmarcar la organización de un evento de este tipo en una Andalucía todavía muy lejos del frenesí actual de procesiones extraordinarias y otro tipo de eventos magnos a los que nos hemos ido acostumbrando en los últimos años. Hablamos de un contexto cofradiero aún fuertemente localizado, con incidencia todavía limitada de los efectos de la ‘globalización’ y el mal llamado ‘turismo’ cofrade. Internet aún pasaba de puntillas por nuestras vidas y no existían redes sociales. Plantear en Jerez, por tanto, un evento de este tipo sin experiencias anteriores recientes más que lo que se estaba gestando en Málaga para las mismas fechas o el precedente del Santo Entierro Magno que había tenido lugar en Écija en 1999 o, si me apuran, el ya lejano de Sevilla de 1992, se consideraba un reto mayúsculo que afrontar, cuanto menos, con respeto y no sin cierto temor, pero con desmedidas dosis de ilusión. Entendemos que por esto último y por lo novedoso, por lo insólito, por lo que Jerez no había hecho nunca en su historia moderna, la Magna fue lo que fue, un éxito absoluto que además fue la crónica de un milagro porque además fue capaz de sortear los imponderables de la climatología como veremos.

Así las cosas, el primer planteamiento que se tiene en el seno del Consejo de la Unión de Hermandades de Jerez fue el de realizar un Santo Entierro Magno del que sí constaban antecedentes de la década de los cincuenta del siglo XX que habían sido organizados por la Hermandad de la Piedad (Santo Entierro). El primero tendría lugar el Sábado Santo 31 de marzo de 1956 dándose la circunstancia de que ese día sería la primera vez en que procesionarían cofradías en Jerez a raíz de la reforma de la liturgia de la Semana Mayor. Aunque estaban anunciados siete pasos más los dos de la Piedad, finalmente, fueron cinco, la Oracion en el Huerto, Prendimiento, Flagelación, Coronación de Esipnas y Santísimo Cristo de la Viga. El 5 de abril de 1958 se celebra la segunda procesión extraordinaria organizada por el Santo Entierro incluyéndose otros cinco pasos: Oración en el Huerto, Ecce Homo, Sentencia, Nuestro Padre Señor de las Penas y Cristo del Amor. La última Magna hasta la del 2000 fue la del Sábado Santo de 1959 procesionando cuatro pasos, más los dos de la Piedad, esto es, Oración en el Huerto, Prendimiento, Sentencia y Descendimiento.

Sin embargo, más adelante y conforme va evolucionando el tiempo y las ideas, el Consejo va sopesando que quizás haya que barajar una procesión que no fuese una estación de penitencia más, es decir, que por mor del acontecimiento que se iba a celebrar había que pensar en una gran procesión con espíritu evangelizador y catequético, que no fuera simplemente insertar imágenes en el cortejo del Santo Entierro, que fuera una gran muestra de la Pasión jerezana y se repartiera el protagonismo entre todas las hermandades a diferencia del concepto Santo Entierro Magno, esto es treinta y una cofradías, las treinta de los días santos más la Clemencia que aún procesionaba el Sábado de Pasión.

El acta de la Unión de Hermandades de 28 de enero de 1999 ya es sintomática de las inquietudes que se van sondeando en la institución pues refleja la proposición para estudiar el desarrollo de una procesión magna o Santo Entierro grande con motivo del segundo milenio del nacimiento de Cristo, asunto que tendrá continuidad con la creación de una comisión de trabajo en abril de ese año. Dentro de esa comisión, los nombres de Eduardo Velo y Manuel Serrano van a adquirir un peso específico pues van a realizar varios borradores de horarios y cronologías, plasmándose así las primeras ideas iniciales. El primer proyecto de Magna o de Santo Entierro Magno como tal lo presenta el cofrade del Santo Crucifijo Luis Cruz de Sola quien había ido madurando en años anteriores la idea que ya había trabajado su tío Rafael Cruz Molins. La idea a grandes rasgos era procesionar 32 pasos por la Carrera Oficial finalizando en la Catedral cerrando la Piedad con sus dos pasos.

En Otoño de 1999 el prelado de la Diócesis, el recordado don Rafael Bellido Caro (q.e.p.d) ya da su visto bueno a la idea pero advierte que la Magna no puede ser motivo de discordia entre los cofrades pues en tal caso no se celebraría. Como decimos los contextos en que se gestan las cosas son importantes y a poco que se conociera al Obispo de Jerez, el primero desde la creación de la diócesis en 1980, deberá reconocerse que el filtro de su opinión resultaba decisiva, ya no sólo por lograr su autorización, sino que un evento de tal magnitud no solo debía contar con el Obispo como habilitador legal sino como su principal valedor conceptual y espiritual.

El Prendimiento llegando a la plaza de la Asunción, final del recorrido de la Magna.

A finales de 1999, el Consejo ya tiene el ante proyecto publicado constando de catorce páginas en las que puede destacarse la preferencia por su celebración en la jornada del Sábado Santo dados los inconvenientes del Viernes Santo. Se desglosan los fundamentos madurados meses atrás destacándose esta procesión jubilar como un acto de meditación distinta de una estación penitencial o exaltación cofrade/cultural en respuesta a la invitación efectuada por Juan Pablo II para conmemorar el año 2000. Dicho acto consistirá en una representación cronológica y ordenada de la Pasión de Cristo destinada a condensar los momentos vividos durante la semana, facilitando su contemplación por los fieles, con el fin de profundizar en el valor catequético y plástico de las imágenes. Así, la procesión Magna comenzaría en la iglesia de la Victoria y discurriendo por la calle Porvera, Larga, Arenal y Consistorio llegaría a la plaza de la Asunción instante en el cual se separarían los cortejos. En el ante proyecto se diseñaba el cortejo donde no habría nazarenos con túnicas para diferenciarlo del Santo Entierro Magno sino hermanos vestidos de negro riguroso con cirios e insignias.

Como vemos hay algunas variaciones respecto de las intenciones iniciales, por un lado, la ampliación de la Carrera Oficial desde la Rotonda de los Casinos hasta la Victoria siguiendo la recta de la calle Porvera con el fin de permitir un mayor espacio para contemplar el desfile completo de todos los pasos juntos y por otro lado la decisión de no llegar a la Catedral al no tratarse de una Estación de Penitencia al uso. Se procesionarían finalmente treinta y un pasos de cristo/misterio entre las que se encuentran los tres que presiden Dolorosas; las Angustias con su hijo inerte en brazos, Amor y Sacrificio en solitario y Loreto delante de la cruz desnuda. El intervalo temporal que iba a abarcar la procesión Magna en todo caso respetaría los horarios de las celebraciones litúrgicas de la vigilia pascual.

El refrendo del Obispo al proyecto de Magna ya configurado se produce el 18 enero de 2000 tras la audiencia que el prelado confiere al Sr Presidente de la Unión de Hermandades, José Alfonso Reimóndez López (q.e.p.d) y varios consejeros el día 15 y en donde se le entrega el citado proyecto. En un pleno extraordinario de hermanos mayores celebrado el 21 de enero se daría cuenta del visto bueno diocesano y por tanto a partir del 23 de enero ya la prensa local se haría eco de que en la tarde-noche del Sábado Santo, 22 de abril de 2000, habría Procesión Magna. De nuevo debe acudirse a los contextos del tiempo en que acontecen las cosas para entender ciertas reacciones que, sin duda, se produjeron en los medios de comunicación y en los mentideros cofradieros de la ciudad toda vez que no todo el mundo entendió lo que se estaba gestando, tachándose incluso al Consejo de ‘caprichoso’.

En efecto la trayectoria de gestación del evento no fue un camino de rosas, en primer lugar, porque la inexperiencia en estas lides hizo que aunque se pusiera el mejor de los empeños la falta de un manual de instrucciones hizo que la idea se fuera madurando, construyendo, sobre la marcha y que los flecos sueltos se hicieran inevitables. A ello no ayudó la incomprensión de algunos sectores de opinión que no entendían ciertas formas pero sobre todo no entendían el fondo, el ‘para qué’. Quien lo diría veinte años después. En segundo lugar, que lo que el Consejo deseaba ante todo era que el Obispo se sintiese el hacedor intelectual del evento pues sabían que el éxito de la Magna iba a depender de ello y de su satisfacción. En este plano, don Rafael no mostró tibieza alguna y evidenció algunas reticencias respecto de las informaciones que le iban llegando, por ejemplo respecto de la salida de todos los misterios, especialmente los que fuesen repetitivos lo que no hacía sino complicar aún más las cosas ya que ello supondría dejar fuera la participación de algunas cofradías.

De hecho, en el mes de marzo de 2000, a escasas fechas ya del evento, el Obispo realiza unas declaraciones en Diario de Jerez donde asevera que solo saldría un Crucificado sin vida dado que en estas circunstancias señalaba que había que entender la dimensión, el fin, de la Procesión y que la misma no sólo estaba dirigida a los cofrades sino a todos los creyentes, y puesto que aunque fuera lógico que a los cofrades les gustase que saliesen todas las imágenes, a los creyentes les bastaría con un solo Cristo muerto en la cruz, concluyendo tajante que él era el primer responsable de la Magna y que por tanto se haría como considerase. Esta disyuntiva evidencia, a un mes largo del evento, una ruptura entre lo que el Consejo le había presentado en el proyecto y lo que manifiesta el prelado posteriormente, dejando al organismo cofrade en una difícil tesitura en tanto que no podía asumir la exclusión de ninguna hermandad. El 7 de marzo, los hermanos mayores votarían seguir adelante con la propuesta inicial no dejando ninguna hermandad fuera. La postura del Consejo fue la de que en ningún caso iban a decidir qué Crucificado iba a ser el que procesionase y que esa decisión correspondería al Obispo.

En días posteriores, tres altos miembros del Consejo realizan una visita al pastor y este se reitera en sus manifestaciones lo que no hace sino aumentar la zozobra y la amargura en unos dirigentes que en esos momentos no saben como comunicar este revés al resto de hermandades. Sin embargo, todo dará un giro inesperado cuando a la mañana siguiente el propio señor Obispo telefonea al Presidente y le indica que ha visto unos pasajes del Evangelio que podrían dar encaje a todos y cada uno de los Crucificados cuestión de la que se hace eco ‘Jerez Información’ el 13 de marzo sugiriendo el rumor del alumbramiento del acuerdo para una Magna de 31 pasos. Finalmente ese mismo día, el Presidente envía un comunicado a las cofradías señalando que tras las gestiones realizadas y siguiendo siempre las directrices del señor Obispo se hará posible aquello que fuera primera voluntad del Consejo, esto es, que todas las hermandades jerezanas fuesen predicadoras del Evangelio por las calles de Jerez en la tarde del Sábado Santo, adjuntándoles el Decreto que daba luz verde a la Procesión Magna Jubilar. En realidad no existió nunca explicación acerca del cambio inminente de postura mas allá del ‘oportuno’ descubrimiento en las Sagradas Escrituras, lo que siempre interpretó el Presidente del Consejo en aquel momento como una ‘examen’ que don Rafael quiso hacerle a los cofrades, en prueba de su capacidad y lealtad al prelado.

El Decreto fechado el 12 de marzo de 2000 da por fin plácet eclesial pero sobre todo refrendo moral al propósito de la Unión de Hermandades de ‘solemnizar el misterio de la Encarnación del Verbo coincidiendo con la celebración del Tercer Milenio de tan asombroso acontecimiento’, con una procesión con las imágenes de todas las cofradías de la Semana Mayor puesto que ‘en el misterio redentor tiene un espacio primordial la Pasión, Muerte y Resurección de Cristo’. Así mismo refiere el ‘ánimo de profundo espíritu y verdadera devoción que deberá revestir los elementos de una oración respetuosa y contemplativa de los Divinos Misterios que nos han dado nueva vida’. Que con esa intención se va a dar forma a una manifestación religioso-pasional que signifique un sincero y profundo acto de agradecimiento a Dios por el hecho de la salvación de acuerdo con los principios y máximas que en dicho texto del ordinario se establecían. Conforme avanzaban las fechas el Obispo se iba haciendo cada vez una mayor ilusión en tanto que observaba como lo que inicialmente podía considerarse una pueril utopía venida de cofrades con ganas de pasos en las calles, iba adquiriendo visos de realidad hasta el punto de que la envergadura de la propuesta ponía a prueba no sólo la capacidad de las cofradías jerezanas sino que se erigía en un gran acto nunca visto a cuyo frente se situaba la Iglesia local, una Diócesis joven, que para bien o para mal habría de quedar retratada.

A partir de ahí, la Magna en el papel estaba ya planteada y aprobada, y solo faltaba su plasmación organizativa con la intervención lógica del Ayuntamiento de la ciudad quien también anduvo embargado largo tiempo por ciertas cuotas de escepticismo . De nuevo la falta de referentes inmediatos dejaban demasiados interrogantes logísticos en el aire. Se estimó un número aproximado de visitantes, en torno a 200.000, especialmente para habilitar aparcamientos, a tenor de lo que se había movido en Écija el año anterior, pero este referente ¿era real? ¿tenía la Semana Santa de Jerez en realidad un poder de convocatoria similar al de Écija? La cuestión, como decíamos, es que no había termómetros de referencia, existían aún muchas barreras y fronteras, no había ‘redes sociales’ en el mejor sentido de las palabras, no solo telemáticas, sino de interrelación entre círculos cofrades de las distintas ciudades andaluzas, ni CECOPs o confluencias de Consejos de Cofradías como los que se producen en la actualidad. En buena lid, el Consistorio, algunos años antes del entusiasmo de los videos promocionales y la agitación de FITUR, acabó por entender que se presentaba una oportunidad única para promover la alta cualificación de la Semana Santa de Jerez en su aspecto patrimonial para acoger a innumerables visitantes y que podía ofrecer un espaldarazo a la hostelería en una fin de semana que por norma general ya no tendría procesiones en las calles. Igualmente la ilusión no ocultaba otra serie de coyunturas nada desdeñables que habían de afrontar las hermandades, en esencia, que se ponían en las calles nada menos que treinta y un pasos el mismo día y que todos ellos debían contar con costaleros suficientes para poder llevarlos, teniendo en cuenta así mismo que la procesión tenía lugar en la propia Semana Santa y que por tanto había que redoblar los esfuerzos para realizar las estaciones de penitencia ordinarias y después las salidas para la Magna convirtiéndose en una titánica heroicidad sobre todo para las cofradías del Viernes Santo. Las cofradías tiraron de ingenio, de planificación para cambiar las flores y la cera y previeron nutrir sus trabajaderas con costaleros retirados que conocieran el oficio, hombres de las cuadrillas de los palios y ofrecimientos de otros hermanos.

Entre tanto se escogió el motivo del cartel anunciador, una antigua instantánea del ilustre fotógrafo local Eduardo Pereiras Hurtado en que se retrataba la trasera del paso de misterio del Sagrado Descendimiento bajo el efecto de un fogonazo que le apuntaba el cañón de luz que antiguamente se colocaba en la recogida de la Hermandad. Una estampa que según el presentador del acto del cartel, Eduardo Velo aguardaba un alto contenido simbólico por tratarse de un Misterio representativo del trasunto de la Cruz al Sepulcro, entre la Semana Santa y la inminencia del Tiempo Pascual, un Cristo descendido ‘que comienza a dejar de ser muerte para alzarse glorioso a la mayor de las victorias’ que habría de acontecer.

El día 3 de abril de 2000, el presidente de la Unión de Hermandades remite una misiva a las cofradías con las instrucciones oportunas haciendo hincapié en el rigor que exige la coordinación de un evento en el que participan 31 corporaciones que han de encajar en un puzzle temporal y espacial. En ella se advierte de las consecuencias en caso de retrasos en el cumplimiento de los horarios al indicarse que en tales supuestos las hermandades incumplidoras no podrían incorporarse al cortejo en un lugar que alterase el orden cronológico de la Pasión preestablecido debiendo volverse a sus templos.

El orden del cortejo sería el siguiente:

Banda de Cornetas y Tambores Santísimo Cristo de la Caridad

Cruz Parroquial

Entrada Triunfal en Jerusalén

Sagrada Cena

Oración en el Huerto

Clemencia

Prendimiento

Jesús del Consuelo

Flagelación

Coronación de Espinas

Ecce Homo

Sentencia

-tambores destemplados-

Jesús de la Vía Crucis,

Jesús de las Misericordias

Jesús de las Tres Caídas

Nuestro Padre Jesús Nazareno

Jesús de las Penas

Exaltación

Perdón

Cristo de la Expiración

— Música de capilla –

Sagrada Lanzada

Vera Cruz

Buena Muerte

Cristo de la Defensión

Cristo del Amor

Cristo de la Salud

Cristo de la Viga

-Música de capilla-

Descendimiento

Angustias

Traslado al Sepulcro

Loreto

Santo Entierro

Amor y Sacrificio

-Banda de música con marchas fúnebres-

Pues bien, tras una Semana Santa vivida con el recogimiento y el gozo acostumbrado, llegaría el 22 de abril, Sábado Santo, que para no variar de la experiencia encontradiza del camino ya recorrido, resultó ser un día azaroso en lo meteorológico por la presencia de un frente lluvioso que a punto estuvo de echar por tierra el ímprobo esfuerzo realizado por los cofrades. Hay que tener en cuenta que los ‘partes’ que se manejaban hablaban de una mañana y mediodía complicados pero que al tratarse de la cola de una borrasca se estimaba que por la tarde habría mejoría. En efecto, alrededor de las doce del mediodía llovía con insistencia y entonces en la reunión que tienen los miembros del Consejo para tratar los aspectos de última hora, comienza a barajarse una posible suspensión, marcándose como hora tope las dos de la tarde para tomar una decisión toda vez que los servicios meteorológicos seguían insistiendo en la mejora paulatina. A las dos de la tarde se decide retrasar una hora la procesión. En este punto, resulta decisivo el aliento que reciben los miembros del Consejo, por un lado, por las informaciones que empiezan a llegar de localidades cercanas como Rota o Sanlúcar de Barrameda donde ya en la sobremesa de la jornada se asevera que el cielo estaba abriendo aunque en Jerez continuaba lloviendo y, por otro lado, por la decidida apuesta de don Rafael que motivaría a los directivos para que no suspendiesen la Magna y esperasen el tiempo oportuno hasta que el tiempo se levantara. Y así fue. A las cuatro y media de la tarde y a pesar de los problemas organizativos que podrían producirse, el Consejo de la Unión de Hermandades decide seguir adelante con la Magna no sin discrepancias por lo delicado de la decisión y con dos horas de retraso ya acumuladas.

La incertidumbre y el caos en ese momento en la sede del organismo cofrade jerezano es enorme, tanto que comienza a llamarse a las hermandades para comunicar lo acordado de la misma forma que se improvisa una rueda de prensa en la puerta de la sede para anunciar la decisión a la prensa. Mientras tanto, entre la confusión, el Mayor Dolor pone el paso de misterio en la puerta pero se le avisa de que la Magna va con otra hora de retraso por lo que tiene que volver al templo. Así mismo, las Viñas en un principio ve imposible plantarse en el centro sin ninguna opción de refugio y con tan poco tiempo para organizarse y llegar a tiempo. La Clemencia por su parte decide salir a las cinco y diez pero le quedaban menos de dos horas para llegar a la Victoria sobre un itinerario previsto inicialmente cubrir en tres.

Comienzan a salir los pasos de las hermandades más lejanas, así asoma el canasto de la Sentencia por las Puertas del Sol y el Cristo del Campillo ya se dirige por Barjas y San Miguel hacia la Asunción. Ello espolea a los hermanos de las Viñas que resuelven por fin salir a las seis y diez de la tarde con el paso de misterio de la Exaltación produciéndose uno de los hechos memorables y más recordados de la Magna, la heroica gesta de la cuadrilla que en tan sólo ‘catorce chicotás’ lo plantarían en la iglesia de la Victoria, lugar de comienzo del recorrido oficial. Había que intentarlo y lo consiguieron.

En los itinerarios de ida se verían estampas históricas, algunas nunca vistas entonces, que se sucedieron años después y otras que nunca han vuelto a repetirse. Resultó hermosísimo contemplar las imágenes procedentes del barrio de San Miguel alcanzar Santiago, el Cristo de la Expiración o el Crucifijo de la Salud. Así mismo adquirió un inusual protagonismo el barrio de la Albarizuela por donde fueron muchos pasos buscando el entorno del Mamelón para llegar a la Victoria por Guadalete y Ponce, antes claro del cambio de Carrera Oficial que llevaría su inicio a la Alameda Cristina a partir de 2001. Por allí se vieron consecutivamente los pasos de la Flagelación, Coronación de Espinas, Sentencia y Cinco Llagas, entre otros.

Un Obispo exultante da su abrazo al joven hermano Mayor de la Clemencia tras llamar al martillo.

A las siete de la tarde se iniciaba la Procesión Magna, el relato cronológico de la Pasión de Cristo según Jerez, encabezando el cortejo el paso de misterio de Cristo Rey en su Entrada Triunfal en Jerusalén precedido de la banda de cornetas y tambores Cristo de la Caridad que lo había acompañado desde su salida de la Escuela de San José. A partir de ahí toda una sucesión de estampas históricas como la de los tres pasos representativos del huerto de Getsemaní con sus respectivos olivos, el Huerto, la Clemencia y el Prendimiento. Para los hermanos de la Clemencia sería histórico el acontecimiento pues supuso la primera llegada de la cofradía al centro, la última de las ‘nuevas’ y donde además tuvieron la dicha de recibir el ‘abrazo’ de don Rafael quien fuera invitado a llamar al paso, levantándose entre un mar de aplausos. Esa felicitación del Obispo que en un primer momento pasó desapercibida ha sido con el paso del tiempo interpretada como un símbolo de aquel evento, primero porque con su sincera expresión fraterna legitimó al fin el sueño de los cofrades de San Benito y segundo porque se consideró como uno de las claves que marcaron la apertura de la Semana Santa de Jerez hacia los barrios y hacia la conformación de nuevas realidades cofradieras, trascendiendo la contención querida por el prelado, el Obispo conocido como el ‘de las treinta cofradías’.

El Prendimiento sin potencias.

Luego vino el Prendimiento impresionante sin potencias, los pasos exornados con lirios en vez de claveles, los Cristos de la Madrugada enfundados en el sol de la tarde, todos los Crucificados, inicialmente denostados, uno tras otro, la Exaltación con la tranquilidad de verse ‘dentro’ y en su sitio, y por último el ascetismo de Amor y Sacrificio con música detrás llegando a la plaza de la Asunción a los sones insondables de ‘Amarguras’.

Los ‘regresos’ fueron apresurados, aún más si cabe tras el retraso acumulado, lo que chocó en algunos casos con las celebraciones litúrgicas de la Vigilia Pascual, asunto que era el que en un principio se quería evitar, de ahí las consignas iniciales de que los retornos fueran por el camino más corto y sin recreaciones. Sin embargo algunas hermandades incorporaron acompañamiento musical como fue el caso de la Cena con la Agrupación Musical San Juan que una vez terminó con la cofradía de San Marcos marchó tras el Cristo del Amor que recuperaba así la música tras el Misterio al abandonarla en 1981, siendo así el inmediato precedente para la recuperación definitiva que se produciría dos años después el Martes Santo. También la Exaltación optó por la banda local -hoy extinta- de La Milagrosa recogiéndose en torno a la una de la madrugada después se una hazaña histórica.

En conclusión, aquella azarosa Magna que tantos quebraderos de cabeza supuso en un principio, resultó ser un éxito total, siquiera matizado por una lluvia que en buena lógica evitó muchos desplazamientos pero que no restó valor al potencial de la Semana Santa de Jerez y a su capacidad de proyección exterior, algo no tenido muy en cuenta hasta ese momento. A partir de ahí, la historia es bien conocida, y la evolución de los tiempos, de la propia sociedad y de sus cofradías, ha hecho que la religiosidad popular jerezana haya trascendido con suficiencia las fronteras locales y provinciales hasta el punto de concitar profundas admiraciones en otras capitales andaluzas. De este modo, los cofrades jerezanos han tomado conciencia de esa capacidad de organización y promoción lo que les ha hecho también ser conscientes de la riqueza que atesoran con el fin de poner todo ello en valor, pero de verdad, con conocimiento de causa.

No en vano, varios años después, en 2005, se constataría esta realidad al lograrse para Jerez la sede del XVIII Encuentro Nacional de Cofradías, un ciclo de carácter congresual que trajo a cofrades de toda España y que además de contenidos de carácter divulgativo y expositivos tuvo también actos de carácter piadoso como el de la oración con el Santo Crucifijo en San Miguel o la extraordinaria procesión de clausura en la que participaron el Prendimiento, el Cristo de la Expiración, el Descendimiento, la Esperanza de la Yedra, la Piedad y el Desconsuelo, en sus respectivos pasos de salida. Así mismo en 2013, por el año de la Fe proclamado por el Papa Benedicto XVI se organizó un ‘Vía Lucis Mariano’ con un formato similar al de la Magna pero con resultado desigual al tener que adaptarse los pasajes iconográficos a los catorce encuentros creados por Monseñor Gonzalo Huesa López y que se pueden contemplar en el Retablo de Santa María de la Encarnación la Mayor, en Ronda.

En estos veinte años, como decimos, la Semana Santa de Jerez y, por extensión, el fenómeno de su religiosidad popular ha vivido una clara ‘vis’ expansiva, especialmente en lo que se refiere a la materialización de hermandades y cofradías en barrios del extrarradio de la ciudad así como en su reflejo en actos y conmemoraciones de distinta índole. Entre tanto, Jerez ha vivido las tres coronaciones canónicas de sus primeras Vírgenes Dolorosas, la Concepción en 2004, el Valle en 2008 y la Esperanza de la Yedra en 2013. Así mismo ha visto como se han incorporado hasta nueve hermandades ‘nuevas’ a la Carrera Oficial, la propia Clemencia en 2005, el Soberano Poder, Consuelo y Redención en 2007, la Paz de Fátima en 2011, Humildad y Paciencia en 2014, Pasión en 2017 y las últimas de la Sed y Salud de San Rafael en 2019. A estas habría que añadir otras tantas Corporaciones en ciernes que aún procesionan en las Vísperas como Bondad y Misericordia, El Cautivo del Portal (aún agrupación parroquial), La Salvación, La Misión, La Entrega de Guadalcacín y La Mortaja.

Crucificados inertes de Jerez. Buena Muerte y Defensión.

En este caso imaginar hoy una Magna como la del 2000 supondría además de contar con los misterios de estas nuevas Cofradías, tener en cuenta los dos pasos que han incorporado las hermandades del Amor y las Tres Caídas, esto es, el Cautivo obra de Antonio Eslava y el Crucificado de la Salud que procesiona desde 2018 en la hermandad del Miércoles Santo.

Parece que fue ayer, pero han pasado veinte años, dos décadas, y una Semana Santa sin cofradías a causa de una pandemia mundial que nos ha puesto en nuestro sitio, haciéndonos ver las cosas que son verdaderamente importantes. No sabemos qué nos deparará el futuro pero conviene mirar atrás para valorar aquellos episodios que se hicieron desde la verdad del amor a las cosas de Dios y aquellos otros simplemente para satisfacer nuestro ego cofradiero más inquieto, abundando en la desmesura y el exceso. Quizás no sea el momento más propicio para hablar de nuevas Magnas a tenor de la situación actual y los propios antecedentes más inmediatos en materia de procesiones extraordinarias, pero quizás tampoco exista razón más fundada que la ‘acción de gracias’ para celebrarla. Como siempre fue y, por alguna razón inconfesable, dejó de ser.

La Virgen de Amor y Sacrificio cerró la Magna con el acompañamiento musical de marchas fúnebres. Sonaba Soleá dame la Mano en la Rotonda.

BIBLIOGRAFÍA:

VEGA GEÁN, Eugenio J., GARCÍA ROMERO, F.A y DE LA ROSA MATEOS, Antonio. ‘Crónica de un milagro: La Pasión según Jerez’ . Ed. Consejo Local de HhyCC de Jerez/Ayuntamiento de Jerez. Jerez, 2003.

Consulta del artículo ‘20 años del día que cambió la Semana Santa de Jerez: ¿cómo sería la Magna de hoy?’ de Alejandro Melero en https://www.jerezcofrade.tv/2020/04/11/20-anos-del-dia-que-cambio-la-semana-santa-de-jerez-como-seria-la-magna-de-hoy/

Consulta del artículo ‘Se cumplen 20 años del visto bueno de don Rafael a la Magna’ de Manuel Sotelino en:

https://www.diariodejerez.es/semanasanta/magna-jerez-2000-cofradias_0_1431157081.html

Un comentario sobre “#stayathome | VEINTE AÑOS DE LA PROCESIÓN MAGNA JUBILAR EN JEREZ DE LA FRONTERA: Notas acerca de un acontecimiento extraordinario.

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  1. Tremendo, querido Pepe, tremendo. Mi sincera enhorabuena, que habré de acompañar ya de una conviá por mi parte, al quedarse cortas y ser reiterativas mis felicitaciones. Qué delicia leerte,nuestra Semana Santa jerezana está a falta de un buen cronista, Pepe y Jerez, la simbiosis perfecta, cronista y vicecersa, jejeje.
    Daré con tu permiso tu teléfono porque no pocas veces me preguntan por ponentes para ciclos cofrades. Un fuerte abrazo, querido amigo en este Domingo de Resurección. Una cosa, ¿te acuerdas de cómo eran los Domingos de Resurección nuestros por la tarde?. Jejejeje. Abrazis de nuevo¡

    Jaime Merodio.
    Director de Orquesta, Banda y Coro & Profesor de Clarinete.
    Orchestra, Symphonic Band & Choir conductor. Clarinet Teacher.
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